Un restaurante de pueblo en Madrid ¡Esto es la Caraba!

¿La caraba? ¿Y eso qué es?

Algo “es la caraba” cuando nos saca de lo cotidiano, algo que no nos sucede habitualmente, que está fuera de lo común. Es la caraba aquello que es diferente, extraordinario.

Nos presentan una idea digna de ser “la caraba”. El grupo cárnico Jafisa decide ampliar sus actividades cotidianas de conducir el ganado al pasto en plena naturaleza,  proponiendo un lugar de encuentro para las personas en plena ciudad, acercando el campo a la capital.

El pueblo en la ciudad

Comenzamos con escuchar las necesidades y deseos del cliente, escuchar al lugar, abrir bien los oídos a esta nueva experiencia con el deseo de siempre: acompañar en el amor a nuestro cliente. Deseo de partida en cada proyecto, invariable, y que también invariablemente, nos proporciona resultados diversos, sorprendentes. El amor siempre lleva a lugares insólitos.

Rápidamente supimos lo que queríamos: traernos el campo, con sus vacas,sus tabernas, sus cocinas, sus terrazas, sus materiales y sus hábitos…¡queríamos el pueblo en la ciudad!

Sin prejuicios!

Establecimos las directrices funcionales del proyecto: espacios de distinta naturaleza como la terraza, el bar, la cocina o un mesón, serían los escenarios por los que transitar con la naturalidad con que suceden las cosas en las poblaciones pequeñas, sin prejucios!

Los espacios se conectan armoniosamente mediante el vestíbulo de acceso, espacio polivalente que no es ni interior ni exterior, sino que sirve para recibir, pero también para organizar el espacio y para disfrutar de él.

Una gran barra, muy larga y muy caótica, sencillamente se secciona para albergar algunos de estos diversos usos (bar, mesón y cocina).

La terraza, amplia y luminosas, se monta próxima a la luz natural y recrea la atmósfera de cuando hacemos un picnic en el campo, su espontaneidad, su libertad, sus plantas y una iluminación de terraza de pueblo actualizada a la capital.

Al redil, sin abandonar Madrid!

Finalmente, la materialización de las ideas. Mobiliario inspirado en los pesebres donde comen las bestias, mecanización de los espacios donde tomar algo como se hace en los procesos industriales, fachada con aires de invernadero, techos de atmósfera fabril.

Acero galvanizado para la estructura, que nos lleva figuradamente a las instalaciones ganaderas, maderas recicladas para aportar la calidez característica de los pueblos…

El suelo interpretando los pavimentos tradicionales, tela de mantel de cuadros, gresites a la antigua usanza, taburetes de corcho natural, vegetación preservada…todo ello reinterpretado para la ciudad, diseñado y fabricado de forma artesanal.

En definitiva, un trabajo que se desarrolla con la familiaridad de lo conocido, el proceso creativo consustancial a la filosofía de Arquitectura Invisible, con un resultado con sabor a pueblo, que es la caraba!