Restaurante la ancha, celebrando un centenario

Cómo hacemos La Ancha del siglo XXI

¿Cómo hacemos que un restaurante mítico de Madrid, con éxito, clientela fija como muchos políticos, sea todavía más La Ancha, que tenga más esencia y más taberna…y que sea más moderna a la vez?

Justo antes del centenario de la marca, nos piden que abordemos este proyecto para que los clientes actuales repitan con la nueva fórmula, pero que además se abra a nuevos clientes teniendo como base la situación actual.

Histórica

Se define como estrategia general la similitud de una taberna histórica, la casa madre de La Ancha, se tiene que respirar la esencia, y se opta por materiales recuperados, la madera, las vigas, recuperar la entrada, mamparas de separación y los pilares de fundición.

Amable

Modificamos el salón principal, que da acceso a la calle. donde había una barra de acceso y la escalera de bajada al almacén , se sitúa el ropero y el botellero, ampliando la superficie dedicada a la recepción de clientes, todo en busca de un recorrido amable.

Sencilla

En el comedor se implantan muebles de apoyo a los camareros adosados a las paredes con multitud de funciones diferentes en cada una de las tres situadas en los salones de la entrada y el salón posterior.

Privada

La cocina y el salón contiguo a ésta se alojan en el mismo lugar que estaban, pero esta vez con una mayor conexión visual, pasando a ser un salon privado “de” la cocina.

Flexible

Las separaciones temporales son de vital importancia en el proyecto, generando diferentes situaciones que configunan la usabilidad del espacio. Se crean y se unen espacios destinados a privados y salones de celebración de eventos.

Uno de los puntos importantes del proyecto es la sencillez del espacio. Esto condiciona a cómo tratar la acústica del lugar. Para ello se buscaron unas placas de techo con un alto índice de absorción acústica pero con un acabado prácticamente similar al yeso natural de las paredes.

Más amplia

El salón del fondo era la mitad de largo. Se cambia la ubicación de máquinas de climatización, vestuarios y aseos de personal al sótano, dejando un espacio final del restaurante para celebraciones de 50 personas en el centro de Madrid, o dos reservados de 20/25 pax.

Los comedores traseros se abren al patio central del edificio donde en verano se espera poder usar para expansión de los clientes. Estos salones están siempre bien atendidos gracias a otro mueble de apoyo con todo el almacén de frío y seco, como de fregadero y tirador de cerveza, así el trajín de camareros es mínimo y la tranquilidad de los clientes máxima.

Acogedora

En el pasillo de conexión entre salones y cocina se ubicaban los aseos. Manteniendo el mismo lugar, se consiguen ampliar para alojar el doble de cabinas y además tener unos anteaseos iluminados con luz natural, que la traslada hasta el pasillo.

Como siempre…

En el trabajo sutil del cambio se decide mantener la fachada incluso con los mismos elementos actuales, el reconocimiento del restaurante desde la calle Zorrilla sigue siendo la misma, pero a la vez totalmente cambiada, ya que el acceso, siendo el mismo se tiñe de negro. Las ventanas son las complices de este cambio mudo…

 

 

 

 

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