restaurante Molino de Pez

Un nuevo proyecto de la mano de la familia La Ancha es siempre motivo de alegría. La calidad y autenticidad de sus proyectos son un manantial de inspiración para nosotros.

Después del éxito del restaurante Fismuler en Barcelona, abrimos este restaurante también en la ciudad Condal. Concretamente en el hotel Seventy Barcelona, muy cerca de la Diagonal.

Tras hacer lo que siempre hacemos al comenzar nuestros trabajos: escuchar, escuchar y escuchar, extraemos los tres conceptos que dan forma a este restaurante.

Tradición

El hogar, esa cocina tradicional de leña alrededor de cuyo fuego se organizaba toda la casa, es la referencia fundamental en que se basa Molino de Pez.

Una casa de cocinas, en donde los platos tradicionales, como  el plato de puchero, hacen que sea casi imposible no imaginarse que uno debiera sentirse aquí como en el caserío de nuestros abuelos.

Y es que Molino es familia directa de La Ancha, por lo que comparte su ADN. Una cocina de costumbres y sabores eternos, que obliga a detenerse, a cocinar lentamente.

De este modo, el espacio que lo acoge, debe hacer que el tiempo se detenga. Queremos que quien en él entre, adopte una mirada contemplativa hacia el fuego, auténtico protagonista, desde la que observar la vida con sosiego.

 

 Origen

Siete metros de altura nos ofrecen grandes posibilidades de jugar con el espacio. Disponemos de todas las direcciones, largo, ancho ¡y alto!

A lo ancho abrimos una gran ventana al restaurante. Ventana que muestra un paisaje de maderas y piedras, una vista a una cantera de materiales naturales exquisitamente ordenados y ensamblados. Caseríos vascos, pallozas gallegas, masías catalanas nos vienen a la cabeza, en su versión actualizada.

Su profundidad nos invita a organizar el espacio para que funcione. Próximo a la calle, el bar y el piano; en el centro, los comensales y al fondo, el fuego.

En la verticalidad, partiendo del bar, una escalera que articula los distintos escenarios. Todo un reto transformar una necesidad en una de las grandes oportunidades del proyecto.

Sencillez

Molino de pez es la traducción al español de la ya españolizada (del alemán) palabra que da nombre al restaurante Fismuler.

De la misma manera en que Fismuler bebe de la sencillez y la naturalidad de la cocina nórdica, Molino de pez, enraizado en el norte de España, comunica estos mismos valores: austeridad, naturalidad, sencillez.

Queremos que  nuestro espacio se exprese con honestidad, sin artificios ni exhibicionismos. Sólo lo esencial, lo imprescindible para transmitir con precisión los valores y sueños de nuestros clientes.

Que, en este caso, también son los nuestros.

 Espacio contemplativo

La búsqueda de un espacio sencillo, ha requerido de una gran complejidad técnica.

El llegar a un espacio diáfano y limpio, se ha conseguido mediante la integración de las instalaciones y zonas de servicio en cubiertas, falsas paredes, falsos techos y zonas dedicadas exclusivamente a instalaciones y servicios.

Esta depuración del espacio tiene por objetivo liberar al individuo del mundo de las instalaciones vistas y mal ordenadas, consiguiendo, mediante un ejercicio de ordenada precisión, hacerlo sentirse seguro y, por tanto, tranquilo.

Escalera 3 en 1

El reto de salvar cuatro metros de desnivel (un piso y medio), evitando un desarrollo de escalera que invada torpemente el espacio e invitando a su vez a subir a pie por ella, se terminó convirtiendo en un juego.

Su arranque en chapa lacada en negro, que se convierte en barra de bar, que vuelve a ser escalera (esta vez de madera), para posteriormente albergar almacén, puesto de facturación, puesto de música en el descansillo y sobrebarra (con sus copas colgantes), nos trae a la mente las famosísimas ilusiones ópticas del grabador holandés Escher.

Una escalera multifunción que no quiere ser protagonista, pero sí servir de mucha utilidad e invitar a recorrer la doble altura desde la que sí poder apreciar al verdadero protagonista, el fuego.

Todo gira en torno al fuego

La cocina se estira en la dirección longitudinal para convertirse en ese hogar o foco de atracción principal que es fuego.

Todas las mesas se organizan, de forma que desde ellas se pueda disfrutar de este calor que reconforta el alma, la cocina de brasas.

 Habiendo llegado a la planta superior, se identifica este espacio como un belvedere o mirador desde el que se participará de un doble paisaje: una cocina de producción y no barra al fondo y el espacio a doble altura que se derrama por el local.

Instalaciones a la útlima

La eficiencia energética ha sido el concepto fundamental a la hora de plantear las instalaciones. Se ha hecho uso de las últimas tecnologías con el objetivo del menor gasto energético posible.

ACS y climatización mediante máquinas bomba de calor o aerotermia, en combinación con una ventilación mediante filtrado de aire exterior e intercambiador de calor de alta eficiencia, han permitido conseguir este objetivo. Eso sí, todo este complejo tecnológico, será invisible para el comensal, ¡hasta los difusores de aire están integrados en las vigas de madera!

Menú de materiales

Madera, yeso, piedra y acero son los átomos constitutivos de Molino de pez.

Materiales naturales, todos ellos sin adulterar, que hacen la pareja perfecta con los ingredientes, también sin adulterar, de los platos de los que podréis disfrutar este hogar.

Os sentiréis en familia, aunque vayáis solos.